Encyclopaedia Britannica, 11th Edition, "Bent, James" to "Bibirine" by Various

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Various Various
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Hey, ever wonder what people knew about the world in 1910? I just spent a weekend with a single volume of the old Encyclopaedia Britannica, and it's wild. This isn't dry facts. It's a snapshot of a world on the brink of massive change. You get entries on everything from James Bent (an explorer) to 'Bibirine' (an obscure alkaloid), but reading it now, you see the gaps, the biases, and the confident assumptions of a fading era. It’s less about the information and more about the worldview. A totally unique and strangely gripping read if you're into time capsules.
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importancia no me obligaran a permanecer por ahora en Burgos. —Pero es necesario que no echéis en olvido que con el rey ha quedado el nuestro siempre terrible adversario abad de San Andrés, sostenedor por interés propio de las pretensiones de la reina madre, enemiga declarada de la parcialidad a cuya frente figura uno de los más ilustres caballeros de Castilla. El abad, aprovechándose de nuestra momentánea ausencia, influirá inmediatamente en el ánimo del rey para conducirle a lo que él llama su buen camino. —Basta, por Dios, buen conde; la influencia de la palabra es pasajera; la de la espada, y esta es la mía, dura, en estos tiempos de desgraciados azares tanto como el más largo reinado del más débil monarca, y va veis si tiene aplicación... —Oh, sí, sí; niño y débil el rey, y los tiempos de intestinas guerras, largo, muy largo debe ser el verdadero reinado del más ilustre de los guerreros y el más querido de las in... —¡Silencio! —dijo el apuesto caballero, concluyendo entre dientes una frase que no dejó murmurar a su compañero. Y tendiéndole su diestra, añadió en alta voz: —Si os agrada, seguidme a casa del judío Juffep Aben-Ahlamar, donde podremos continuar nuestra plática. No bien acabara de pronunciar estas palabras, cuando resonó por todo el ámbito de la plaza un grito unánime que decía: —¡La gitana! ¡La gitana! El eco de esta voz atronadora, que llegó mal apagada al lugar en que conversaban nuestros dos misteriosos personajes, entregados enteramente a sus planes políticos, vino a distraerlos lo bastante para que corrieran ambos a averiguar la causa de aquel repentino alboroto. En el ángulo de la plaza contiguo a la casa de donde acababan de salir los dos caballeros, había un grupo de gentes del pueblo que se estrechaban y comprimían entre sí para escuchar la argentina voz de una hermosa gitana pronta a decir a los que a ella se llegaban el secreto de sus vidas o los misterios del porvenir. Era la gitana una niña de catorce a quince años, y ya su rostro revelaba los tesoros de voluptuosidad y belleza que parece ser patrimonio de las hijas del Oriente. Sus grandes y rasgados ojos negros estaban velados por una arqueada y larga pestaña; su cutis, quemado por los rayos del sol del mediodía, era sin embargo finísimo; su talle era esbelto y aéreo, como el de los seres ideales que pueblan el paraíso del falso profeta; su voz, pura y argentina, vibraba en el corazón de sus entusiasmados espectadores como una sentida nota; sus maneras eran expresivas y de graciosa desenvoltura, a pesar del pobre traje que la cubría, y era, como el de todas las hijas del pueblo, una tunicela de tosco buriel con bandas y rapacejos, ceñida a su delgada cintura por una correa negra, de la que pendía una escarcela de la misma clase donde guardaba el dinero que recogía de sus generosos parroquianos. Acompañábala una mujer anciana vestida aun mucho peor que ella, cargada de espalda y de rostro repugnante y asqueroso. Sus ojillos verdosos y siempre húmedos se abrían extraordinariamente de alegría, cuando la joven metía algún dinero en la escarcela de cuero. La bella gitana alcanzó a ver a dos hombres de gallarda presencia y de nobles y delicados ademanes cubiertos de pies a cabeza con ricas armaduras de bruñido acero, que pugnaban por llegar adonde ella estaba. Entonces dijo, esforzando cuanto pudo la voz: —¿Quién quiere que le diga la buenaventura? —¡Yo! —repuso uno de los armados, abriéndose paso por entre aquella masa compacta, y penetrando en el círculo donde...

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This isn't a novel with a plot. It's a slice of human knowledge, frozen in 1910. The 'story' is simply the alphabetical march from 'Bent, James' to 'Bibirine.' You'll find biographies of forgotten explorers, detailed explanations of long-obsolete technologies, and scientific entries that show what was cutting-edge before Einstein's theory of relativity was widely accepted.

Why You Should Read It

Reading this is an adventure in perspective. You're not just learning what they knew; you're seeing how they thought. The entry on 'Biology' feels authoritative, yet it's utterly unaware of DNA. The colonial-era entries on African peoples are jarringly paternalistic. It's humbling and fascinating. You get a real sense of the confident, imperial mindset that would be shattered by World War I just a few years later. The prose itself is formal but often beautiful, a style of explanation we've mostly lost.

Final Verdict

Perfect for history buffs, trivia lovers, or anyone who enjoys seeing how our understanding of the world shifts. Don't read it cover-to-cover like a book. Dip in and out. Look up your hometown or a familiar topic and see how it was described over a century ago. It's a conversation with the past, and sometimes the past says some very surprising things.



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This publication is available for unrestricted use. It is now common property for all to enjoy.

David Garcia
1 year ago

I didn't expect much, but the clarity of the writing makes this accessible. Worth every second.

Michelle Gonzalez
10 months ago

I have to admit, the content flows smoothly from one chapter to the next. One of the best books I've read this year.

Carol Jones
1 year ago

A bit long but worth it.

Kevin Harris
1 year ago

Clear and concise.

Thomas Lewis
1 year ago

Enjoyed every page.

4
4 out of 5 (5 User reviews )

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